SALVEMOS LA DEHESA.
GRANADA HOY
Los autores defienden que los fondos Feader son insuficientes para lograrlo.
Pero el PDRA tiene que repartir estas escasas
ayudas (25% de la PAC) en toda Andalucía. Además son inseguras (nuestra
Administración tiene que poner una parte) e inconsistentes (se convocan
esporádicamente e incluso pueden ser retiradas una vez concedidas). Por
eso no se daban cifras.
La pérdida de la dehesa se debe
especialmente a la mala gestión de la Administración Española dentro de
la PAC, incluso reconocida en Bruselas, donde no entienden cómo el
gobierno español no tiene un plan para asegurar su conservación
tratándose del mejor ejemplo de sostenibilidad para el modelo agrario
que quiere desarrollar la PAC.
Además, la anunciada puesta en
marcha de la Ley de la Dehesa, ya obsoleta antes de ser activada, junto
con un inadecuado Plan Director de la Dehesa, aumentará la asfixia
burocrática del ganadero.
La Administración reitera que los
males de la dehesa radican en que Bruselas no la conoce bien, y que por
ello no encaja administrativamente dentro de la PAC. Pero esto no es
verdad. Los problemas de la dehesa son exclusiva responsabilidad
española. En los reglamentos de la nueva PAC (2015-2020) cada Estado
miembro dispone de flexibilidad para desarrollarla de acuerdo con sus
prioridades. Sencillamente, España la ha desarrollado sin contar con la
dehesa. Nuestros políticos se jactan de haber dado la vuelta a la nueva
PAC para que todos los agricultores cobren igual que antes. Pero en el
caso de la dehesa recibirá bastante menos, porque le han quitado
indebidamente muchas hectáreas con derecho a cobro (30-40% de la
superficie total) en base a un absurdo CAP (Coeficiente de Admisibilidad
de Pastos) que penaliza la presencia del árbol en lugar de premiarlo.
Los
enemigos de la dehesa no están fuera, los responsables son nuestras
instituciones; con el agravante de que España está obligada a
conservarla por ser territorio protegido en la UE (Directiva Hábitats
92/43).
La dehesa está desapareciendo por una serie de graves
problemas que asientan fundamentalmente en su falta de rentabilidad, que
es lo que determina su abandono. Su conservación obliga a hacer una
inversión anual que provoca un déficit de unos 200 euros por hectárea;
mientras que por decisión de nuestra administración se recibe una media
de unos 75 euros por hectárea de los pagos directos.
Con esta
situación de déficit no hay productor que pueda mantenerla, produciendo
(paisaje, biodiversidad, amortiguación del cambio climático, lucha
contra el fuego y la desertización) y llevando armonía al entorno
natural para el bien de la sociedad.
Ahora, nuestra
Administración, responsable de esta injusticia, quiere ayudarla con
"cataplasmas" insuficientes. La más importante, la Ayuda Asociada al
Ganado, solo supone 20-30 euros por hectárea. Pero, ¿y los 100 euros por
hectárea que faltan para su conservación? ¿Van a venir del PDRA?
No
es posible. Hay que abrir un debate público que involucre a la sociedad
para que ésta obligue a la Administración a cambiar su política sobre
la dehesa; ya que su desaparición sería una catástrofe cultural y
medioambiental. Hay que recordar que la dehesa es la última barrera
frente al avance del desierto por el sur de Europa.
La dehesa no
puede estar a expensas de una rebuscada "definición administrativa"
para incluirla con calzador junto con todas las tierras no cultivables.
La dehesa tiene entidad propia e historia suficiente para poder exigir
su consideración como cultivo permanente, con árboles principalmente
Quercus, destinado fundamentalmente al aprovechamiento ganadero. Todos
los demás valores y usos vienen por añadidura, porque manejando bien el
ganado y el árbol tenemos asegurado el resto de sus producciones y
valores.
La dehesa es distinta de un bosque maderero, de un
matorral, de un erial o de una tierra abandonada, donde España la sitúa
administrativamente; para que ni siquiera el Magrama pueda considerarla
una superficie propia...
Sólo falta una decisión política
innovadora para sacarla administrativamente de la situación vulnerable
en la que se encuentra; pues está situada en la PAC en el peor lugar,
con los "pastos Permanentes" (el grupo peor pagado), y sometida al
erróneo CAP español.
La dehesa ha llegado hasta nuestros días
por su manejo secular, como un sistema ganadero desarrollado en tierras
pobres, y con una continua labor del ganadero, seleccionando la arboleda
y cuidando los pastos, como un auténtico conservador del ecosistema.
Bajo
este planteamiento, la Administración española debe definir
adecuadamente la dehesa, presentarla ante Bruselas, y defenderla dentro
de los cultivos permanentes con la misma fuerza que se han defendido
otros terrenos y cultivos de mucho menos valor medioambiental.
La
puerta está abierta en Bruselas, sólo hace falta voluntad política para
aplicar la PAC dentro del alto grado de libertad que tienen los Estados
(Reglamentos UE 1307/2013 y 639/2014), para fijar criterios objetivos, y
definir prácticas locales que fomenten una gestión sostenible de los
recursos naturales. Precisamente lo que necesita la dehesa para
salvarse, por el bien de toda la sociedad europea.